La agrupación se fundó en 2019 pero en los últimos meses declaró a Javier Milei como su máximo enemigo y se insertan en la discusión política como un fuerte grupo de lobby contra el liberalismo.
El organismo de lobby ecologista más conocido del mundo es Greenpeace, de orígen holandes, que se presenta como una organización ecologista de carácter internacional dedicada a la “Protección del medio ambiente y la ecología”, según indica su Objeto Social con el que figura en el estatuto de su inscripción en el registro de la Inspección General de Justicia (IGJ) en Argentina.
Como hacen en todos los países del mundo, esta organización sin fines de lucro, pero con un claro fin político, se instaló en la Argentina en 1987, en pleno gobierno radical de Raúl Alfonsín. Desde entonces, han recibido millones de dólares en financiación de otras organizaciones que ocultan menos sus intenciones políticas.
Bajo el manto de “cuidar el medio ambiente” encaran acciones que tienen como objetivo impedir el desarrollo humano, económico y tecnológico de ciertas regiones en vías de desarrollo. Hace unos años, su accionar se enfocaba en el ataque a la investigación y desarrollo tecnológico nuclear a través de campañas contra las centrales atómicas argentinas.
En los años 90s, impidieron la construcción del Gasoducto Norandino, que estaba encarando la empresa argentina Techint. Casualmente, cuando se levantaron los bloqueos, la construcción quedó en manos de Gas Atacama, de propiedad de empresas de EE.UU. y Canadá, vinculadas a las fundaciones que luego le donan a Greenpeace.
Pero hoy Greenpeace es solo un engranaje en una maquinaria lobísta que se respalda en acciones climáticas para promover los intereses de grandes corporaciones. Hoy existen cientos de nuevas organizaciones sin fines de lucro, todas financiadas de la misma manera, y con los mismos objetivos.
En este contexto, surgió en 2019 “Jóvenes por el Clima”, una organización que vendría a ser la versión argentina del movimiento «Fridays for Future», la organización de la activista medioambiental sueca Gretha Thunberg.
Es muy interesante que dicen querer “defender el medio ambiente” pero insertan rápidamente en su discurso frases como “justicia social”, “soberanía”, “desigualdad“, “modificar hábitos de consumo” y siempre aparecen mágicamente hablando en lugares como la ONU, con toda la atención mediática, a pesar de que nadie los conocía días antes, o en el Congreso de distintos países.
“Jóvenes por el Clima” está tomando fuerza recién ahora, dado su rechazo al concepto liberal de que la propiedad privada es suficiente para combatir la contaminación, y por el contrario, impulsan “soluciones colectivas” para reducir la contaminación, y peor, para combatir el supuesto cambio climático antropológico.
En este sentido, su cofundadora en Argentina, Mercedes Pombo, casualmente está militando en contra de la Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad Económica del presidente Javier Milei, argumentando que sería “traición a la patria” votar a favor. Comentarios que nada tienen que ver con la agenda climática, y donde muestran la hilacha política.
Esta agrupación ahora está buscando instalar a Nicki Becker, una estudiante de Derecho de 22 años, como la “Greta argentina“, con frases insólitas como: “el Estado va a tener que incorporar una agenda prioritaria de discusiones, elaborar políticas de regulación, tienen que avanzar también en la construcción de un andamiaje legal”.
Todas tienen el mismo modus operandi, se respaldan en la prensa y en figuras del medio artístico, y luego impulsan con esa plataforma a adolescentes supuestamente “despolitizadas”, con frases cliché marketineras que apelan al sentimiento y no a la lógica ni la ciencia, desinformando y creando relato en torno al tema, difundiendo falsas premisas.
En un reciente video para La Nación, Becker confundió múltiples temas, y lanzó una ensalada de conceptos donde mezcló ideas ecologistas, con kirchnerismo explícito y medidas de extrema izquierda. En su intervención, dijo: “Argentina tiene litio, y los empresarios vienen por el litio de Argentina, las empresas extranjeras no se pueden llevar el litio, tiene que ser un beneficio para las comunidades”.
Y concluyó: “Las empresas tienen que buscar otras formas de producir, ya que usan mucha agua, contaminan mucho. Hay que promover la energía solar, energía eólica, hidrógeno verde”.
La activista agregó: “La ola de calor que tuvimos en Argentina o una inundación tremenda que tuvo Pakistán el año pasado, ¿la tiene que pagar Pakistán o la tiene que pagar Europa, Estados Unidos, que causan el cambio climático? Los países que se hicieron ricos por el petróleo deberían pagar”, dice, a pesar de que no hay evidencia de que la extracción de hidrocarburos aumente la temperatura durante el verano o genere indundaciones.
Y siguió: “Hay un montón de hábitos en nuestra vida que podemos replantearnos, desde tratar de reducir el consumo de energía, ir a más lugares caminando o en bicicleta, si vamos en auto usar transporte público o compartirlo. Según el IPCC, que es el grupo de expertos en cambio climático, es importante reducir el consumo de carne roja, no a nivel moral, sino a nivel científico, por lo menos reducir la carne roja”.
El problema es que hablan de ciencia pero nunca leyeron ningún contenido al respecto. Por ejemplo, el matemático y meteorólogo estadounidense Edward Lorenz, quien además fue pionero en la Teoría del Caos, refuta varias de las causalidades que plantea la jóven estudiante de abogacía.
Edward Lorenz estaba trabajando en sus investigaciones sobre el tiempo atmosférico, con modelos matemáticos simples ayudado por computadoras, cuando, en 1960, observó que algo raro ocurría cuando repetía cálculos anteriores. Su investigación y hechos los reprodujo en el libro que escribió años después, “La esencia del caos”.
A la conclusión que llegó es que los sistemas en el universo pueden tener comportamientos impredecibles, y que pequeños cambios en una variable pueden generar grandes cambios en el sistema. Por lo que el tiempo meteorológico al ser un sistema caótico, es impredecible y no depende únicamente de variables como la temperatura.
La joven activista también impulsa que los argentinos no coman carne, ya que “las vacas contaminan“, y repiten frases como “el metano de las flatulencias de las vacas es el mayor aporte de emisiones gaseosas contaminantes de la atmósfera”, cuando podemos afirmar gracias a numerosos estudios, como por ejemplo, los que realiza el Parlamento de la Unión Europea, que la contribución de la agricultura y ganadería en la emisión de gases es en promedio del 10%, y por su actividad las vacas solo aportan el 5% de esas emisiones, siendo las mayores fuentes de emisión la producción de energía.
Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, las mayores fuentes de emisión en Norteamérica provienen de la producción eléctrica (28% del total de emisiones), el transporte (28%) y la industria (22%). Es extraño que los ecologistas tengan tanta obsesión con la agricultura, la ganadería y la forestación, dado que estas actividades son las únicas que además secuestran esos gases para devolverlos a la tierra, ningún activista verde lo menciona, o quizás como estudian carreras como Derecho, no lo saben.
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