
Por supuesto que seguimos condenando rotundamente los ataques de Hamas del 7 de octubre del 2023 contra Israel, que desencadenaron la devastadora guerra en Gaza y debemos difundir que por primera vez, los países árabes del mundo se han unido unánimemente al llamamiento para que Hamas deponga las armas, libere a todos los rehenes y ponga fin a su dominio sobre la Franja de Gaza, condiciones que, según afirman, podrían contribuir al establecimiento de un Estado palestino.
La declaración se produjo en una conferencia de las Naciones Unidas en Nueva York sobre una solución de dos Estados para poner fin al conflicto de décadas entre israelíes y palestinos. Sosteniendo que “en el contexto del fin de la guerra en Gaza, Hamas debe poner fin a su dominio en Gaza y entregar las armas a la Autoridad Palestina, con la participación y el apoyo internacionales, de acuerdo con los objetivos de un Estado palestino soberano e independiente”.
Lamentablemente este sábado Hamás ha declarado que no depondrá las armas hasta la “plena restauración” de sus “derechos nacionales, el principal de ellos el establecimiento de un Estado palestino independiente y plenamente soberano con Jerusalén como su capital”.
Pero no podemos ocultar la preocupación ante el genocidio y la hambruna a la que está sometido el pueblo de Gaza.

Desde la Segunda Guerra Mundial no ha habido ningún caso de hambruna tan minuciosamente diseñada y controlada como la de Gaza“, sostuvo esta semana el experto en hambrunas Alex de Waal.
Mientras buena parte de los gobiernos del mundo lo niegan o miran para otro lado, más de 500 mil personas están al borde de la hambruna absoluta en Gaza. Un millón de niños con desnutrición severa. Más de un centenar de muertos por no comer. La destrucción de infraestructura y el bloqueo a la ayuda internacional motivó críticas del propio Trump a Netanyahu en las últimas horas.
El periodismo no se puede cansar de informar de lo que ocurre en Gaza, donde la ofensiva israelí ya ha causado más de 60.000 muertos, y los vivos son “cadáveres andantes”, como ha descrito la ONU.
El indescriptible sufrimiento infligido a la población civil de Gaza por parte de Israel —un asedio de rasgos medievales para el cual cuesta encontrar parangones en la historia reciente de la humanidad— desata una amplia ola de indignación internacional. A pesar de la evidente barbarie perpetrada contra los gazatíes, la comunidad internacional no ha actuado unida para frenar a Israel y protegerlos.
Sin embargo, algo se mueve, además de las conciencias. En el terreno de la diplomacia internacional, varios países, entre ellos Francia, han anunciado su intención de reconocer en los próximos meses al Estado palestino. Y en Israel, preminentes personalidades han alzado la voz contra la guerra en Gaza y han pedido que se apliquen sanciones a su país para frenar su actuación.

“Durante muchos años me negué a utilizar esa palabra. Pero ahora, con las imágenes que he visto, con lo que he leído y oído de las personas que han estado allí, ya no puedo contenerme. Con inmenso dolor, con el corazón partido, debo constatar que está ocurriendo delante de mis ojos. Genocidio. Es una palabra avalancha: una vez que la pronuncias, no hace otra cosa que crecer, como una avalancha justamente. Y trae aún más destrucción y más sufrimiento”.
Con estas palabras llenas de dolor, David Grossman, el más importante escritor israelí vivo, desde hace décadas candidato al Nobel de Literatura, rompió el silencio. Y, en una entrevista de tapa al diario italiano La Repubblica, se sumó a las voces que, desde el propio Israel, comienzan a levantarse para denunciar lo que está sucediendo en la Franja de Gaza.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció el lunes pasado por primera vez que ve “una hambruna real” en Gaza y afirmó que su país va a involucrarse más en la ayuda a la población y que se asegurará de que esta reciba “hasta la última gota de comida”. Asimismo, señaló que ve “posible” un alto el fuego en la Franja, pese a que su país e Israel se retiraron de las negociaciones tras acusar a Hamás de obstaculizarlas.
Gaza ha quedado “irreconocible” tras más de nueve meses de asedio, con la vida de los palestinos destruida en todos los aspectos. La escasez de alimentos ha derivado en situaciones extremas, con la población jugándose la vida para conseguir ayuda humanitaria, y la desnutrición se extiende mientras reina la desesperación.
Más de uno de cada tres habitantes pasa varios días sin comer en la Franja como consecuencia de la grave crisis humanitaria que atraviesa el territorio palestino y que pone al enclave en “grave riesgo de hambruna”. Es lo que se desprende del último informe elaborado por las agencias de Naciones Unidas -UNICEF y el Programa Mundial de Alimentos-, que subrayan que Gaza ya ha superado dos de los tres umbrales de hambruna establecidos en la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF), el indicador de la organización para medir el grado de alerta humanitaria por hambre.
Según el informe publicado el martes pasado, más de 500.000 personas (una cuarta parte de la población gazatí) en la Franja soportan ya condiciones de hambruna, y el 39% de la población pasa varios días sin comer. Una circunstancia de especial gravedad en los niños: la desnutrición infantil afecta al 16,5% de los niños y las niñas menores de cinco años, una grave amenaza que se multiplica “a un ritmo sin precedentes” y que puede afectar de forma irreversible a su desarrollo y, de persistir la situación, la muerte por hambre y desnutrición.
El informe subraya que toda la población menor de cinco años en Gaza (320.000 niños y niñas) están en riesgo de sufrir malnutrición severa y desnutrición debido al colapso de los servicios básicos, la escasez de alimentos y, especialmente, de agua salubre, sucedáneos de la leche materna o medicinas básicas. “El conflicto incesante, el colapso de servicios esenciales y las limitaciones a la asistencia humanitaria impuestas han llevado a cientos de miles de personas en Gaza a condiciones catastróficas”, detalla el dosier de las agencias. “El tiempo se acaba para coordinar una respuesta humanitaria a gran escala”, avisa la nota de ambas agencias de la ONU.
Moreno Ocampo, quien fue el primer fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, ante las imágenes de niños famélicos y una infraestructura sanitaria colapsada en medio de los bombardeos y bloqueos, sostiene que “Las garantías materiales de genocidio están presentes. Están creando condiciones que hacen imposible la vida. Eso es lo que está pasando en Gaza”.
Para el jurista argentino el problema central no es legal sino político: los Estados no están cumpliendo con su deber de prevenir el genocidio, tal como firmaron en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948. “Hay una hipocresía absoluta. Se horrorizan con las fotos, pero no actúan. Prevenirlo no es solamente mandarles o tirarles comida en Palestina, prevenirlo es reclamar inmediatamente que no se puede bloquear la comida”, explicó. Y afirmó que lo que ocurre no es una crisis humanitaria, es una decisión política: están usando el hambre como una herramienta militar. Y eso es un crimen”.
Por su parte Unicef denunció en las últimas horas, que el reparto de ayuda en la Franja de Gaza de la Fundación Humanitaria para Gaza (GHF) es “peligroso e injusto” y pidió más acceso para la ONU, que desde que retomaron el reparto solo ha podido llevar 1.000 camiones a la frontera, de los cuales solo 600 han sido repartidos por el enclave. Nadie debería elegir entre arriesgar su vida para conseguir alimentos o morir de hambre, dijo en una rueda de prensa en Madrid la portavoz global de Unicef Rosalía Bollen.
Cómo se ha llegado a esta situación es, por supuesto, objeto de disputas intensas. Es cierto que los dirigentes de Hamás podrían terminar con la crisis al liberar a los rehenes que siguen reteniendo y si se rinden en una guerra que empezaron y están perdiendo. Sin embargo, las conversaciones sobre el alto al fuego entre Hamás e Israel siguen estancadas, y cada parte insiste en unas condiciones que siguen siendo inaceptables para la otra. La mejor solución, tanto para palestinos como para israelíes, incluye la devolución de los rehenes, el fin de la guerra y un nuevo gobierno en Gaza. Mientras ese resultado siga estando fuera de nuestro alcance, los gazatíes necesitan comer.
Como sostiene el The New York Times: El hambre en Gaza es una crisis moral internacional.

Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.


