Este domingo, Bolivia vive una jornada electoral en la que 7.937.138 votantes, tanto en el territorio nacional como en 22 países, elegirán a un nuevo Presidente y renovarán la Asamblea Legislativa en un contexto de profunda crisis económica y una fuerte fragmentación política, lo que ha generado una gran incertidumbre sobre el futuro del país.
Según las últimas encuestas, los principales candidatos a la presidencia son el empresario de centro-derecha Samuel Doria Medina y el ex presidente liberal Jorge “Tuto” Quiroga. Si los pronósticos se cumplen, ambos pasarían a una segunda vuelta, lo que pondría fin a la hegemonía de 20 años del Movimiento al Socialismo (MAS) que se encuentra debilitado por profundas diferencias internas.
No obstante, los analistas señalan que los estudios de opinión podrían equivocarse, como ha ocurrido en el pasado. La situación es particularmente volátil debido a que un 33% del electorado se mantiene indeciso o planea emitir un voto blanco o nulo. En este escenario, el beneficiario podría ser Andrónico Rodríguez, de la Alianza Popular, quien tiene una visión estatista y está alineado con las ideas del MAS, a pesar de que este último no participa formalmente en la elección.
La división en el ámbito político se ha visto exacerbada por la inhabilitación del ex presidente Evo Morales para participar en los comicios, lo que lo ha distanciado del actual presidente saliente, Luis Arce. Lo que en su momento fue una alianza forjada en las calles, se ha transformado en acusaciones de golpe de Estado y divisiones internas que marcan el final de una era política y abren la posibilidad de un giro hacia la derecha.
Las elecciones se llevan a cabo en medio de la peor crisis económica de las últimas cuatro décadas, lo que aumenta la crispación política.
Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.


