El año 1948 redefinió la historia de Oriente Próximo y convirtió la región en una de las más convulsas del mundo. Con la proclamación del Estado de Israel, se modificó un mapa y se fracturó una tierra, sembrando un conflicto que no ha dejado de transformarse. Más de siete décadas después, desde 2023, esa disputa mantiene una nueva fase de violencia y tensiones que vuelven a situar las fronteras entre israelíes y palestinos en el centro de la atención internacional.

La revuelta del 36 y el nacimiento del Estado judío
Aunque la historia de fricciones entre pueblos en lo que ahora conocemos como Israel y Palestina comienza muchos siglos antes, el principio de este conflicto más contemporáneo podría situarse tras la Primera Guerra Mundial, cuando el imperio Otomano se desmoronó, poniendo fin a trece siglos de dominio musulmán sobre el territorio.
Tras la derrota otomana, Gran Bretaña ocupó Palestina en 1917 bajo el mando del general Edmund Allenby y, ese mismo año, el gobierno británico emitió la Declaración Balfour, en la que apoyaba formalmente la creación de un “hogar nacional judío” en la región de Palestina —hasta entonces parte del Imperio Otomano—, sentando las bases del futuro mandato.
Pocos años más tarde, en 1922, la Sociedad de Naciones (germen de la actual ONU) formalizó el mandato británico, otorgándole a Londres la administración del territorio hasta que pudiera establecerse una autoridad independiente.
Sin embargo, durante el mandato británico, el hartazgo de la población árabe crecía a medida que avanzaba el movimiento sionista, que promovía el retorno de los judíos a su tierra ancestral. Así, mientras en 1922 había unos 84.000 judíos en Palestina, en 1931 la cifra había aumentado a 175.000, alrededor del 20% de la población total, según publicó el medio 20minutos.

Del descontento brotó la revuelta árabe de 1936, un levantamiento masivo que buscaba frenar la inmigración judía y exigir mayores derechos políticos para la población árabe local. Lo que comenzó como una huelga general y un boicot económico pronto derivó en protestas violentas y enfrentamientos armados, incluyendo ataques a colonos judíos, sabotajes en infraestructuras y choques con las fuerzas británicas.
En total, fueron tres años de conflicto que terminaron con una represión británica brutal que desorganizó a los líderes y debilitó a la población árabe, pero que no logró solventar el problema entre los inmigrantes judíos y los palestinos.
La Nakba: Israel logra el 77 % del territorio palestino
Con la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, la llegada de inmigrantes judíos a Palestina se disparó, intensificando los enfrentamientos y haciendo que la situación se volviera prácticamente incontrolable para el gobierno británico, que en un intento de calmar las tensiones y frenar la inmigración, publicó el Libro Blanco de 1939.
En él se establecía que solo 75.000 judíos podrían emigrar en los cinco años siguientes y restringía la venta de tierras a judíos en ciertas áreas, al tiempo que reafirmaba el compromiso británico de trabajar hacia una Palestina independiente con participación de árabes y judíos. Sin embargo, esta medida terminó provocando frustración en todas las partes, dejando insatisfechos tanto a árabes como a judíos y agravando aún más las tensiones en la región.

Finalmente, incapaz de controlar la creciente violencia en Palestina, incluyendo ataques como el atentado del Hotel Rey David del 22 de julio de 1946, perpetrado por el grupo paramilitar sionista Irgún y que causó la muerte de 92 personas, Gran Bretaña decidió remitir el conflicto a la ONU.
De esta forma, en 1947, la organización propuso un plan de partición —cuyos ecos resuenan a día de hoy como posible solución al conflicto— para crear dos estados independientes, uno judío y otro árabe, con Jerusalén bajo administración internacional. Aunque la comunidad judía aceptó la propuesta, los árabes la rechazaron, desatándose enfrentamientos inmediatos que no pudieron, sin embargo, cambiar el rumbo de la historia: el 14 de mayo de 1948 Israel hizo efectiva la resolución de la ONU que establecía la creación de dos estados.
Aquel día, mientras miles de judíos salían a las calles para celebrarlo, los vecinos árabes de Transjordania, Egipto y Siria, ayudados por tropas iraquíes y libanesas, declararon la guerra al nuevo Estado, dando comienzo la primera guerra árabe-israelí conocida como la Nakba (el desastre) o “la guerra de Independencia” para los israelíes, que acabaría, efectivamente, con la victoria inapelable de Israel, que aumentó considerablemente su territorio respecto al plan de la ONU.
Concretamente, Israel logró quedarse con el 77% del territorio que había sido Palestina bajo el Mandato Británico, incluida la mayor parte de Jerusalén, mucho más de lo que le asignaba la resolución 181 de la ONU, mientras que los árabes conservaron apenas el 23% correspondiente a Cisjordania, bajo control jordano, y Gaza, bajo control egipcio. La guerra provocó además la huida o expulsión de más de 700.000 palestinos que fueron desplazados de sus hogares, dando inicio a la diáspora y al conflicto que perdura hasta hoy.
La guerra del Sinaí: no modificó las fronteras
Aquel primer gran enfrentamiento no sería el último. En 1956, Egipto nacionalizó el Canal de Suez— controlado hasta entonces por británicos y franceses— y, como respuesta, Israel, apoyado por Reino Unido y Francia invadió la península del Sinaí y la Franja de Gaza —bajo control egipcio desde 1948—, desencadenando la crisis de Suez. La presión internacional, especialmente de Estados Unidos y la Unión Soviética, obligó a las fuerzas invasoras a retirarse de ambos territorios, que fueron devueltos a Egiptos, y se desplegó una fuerza de emergencia de la ONU para supervisar el cese del fuego.
Guerra de los Seís Días: Gaza, Cisjordania y Altos del Golán
Tras más de una década de tensa convivencia con incidentes fronterizos, ataques de fedayines palestinos y represalias israelíes, en junio de 1967 Israel lanzó un ataque preventivo contra Egipto, Siria y Jordania , dando inicio a la Guerra de los Seis Días. Como resultado, Israel ocupó la Franja de Gaza y el Sinaí egipcios, Cisjordania y Jerusalén Este jordanos, y los Altos del Golán sirios. Desde entonces, la ONU considera Palestina como un territorio ocupado ilegalmente por el Estado de Israel.
Cabe destacar que la toma de Jerusalén Este supuso un hecho histórico pues, por primera vez en más de dos milenios, los judíos recuperaban el control de la Ciudad Vieja y del Muro de las Lamentaciones, su sanctasanctórum religioso.
La Guerra del Yom Kipur de 1973 supuso un intento de Egipto y Siria de recuperar esos territorios, y aunque terminó sin grandes cambios fronterizos, abrió el camino a la negociación diplomática.
Desde entonces, las negociaciones internacionales y la presión de la ONU giraron en torno a la resolución 242, que exigía la retirada de Israel de los territorios ocupados a cambio de paz con los países árabes. Este principio fue la base de los acuerdos posteriores: el Tratado de Camp David de 1978, por el que Israel devolvió el Sinaí a Egipto, y más tarde los Acuerdos de Oslo de 1993, que establecieron la Autoridad Palestina y reconocieron un autogobierno limitado en Gaza y partes de Cisjordania.
Aunque para llegar a esos últimos acuerdos tuvo que ocurrir primero la Primera Intifada (1987-1993), un levantamiento popular palestino contra la ocupación israelí en Cisjordania y Gaza. Durante este periodo, los palestinos protagonizaron protestas masivas, huelgas, boicots y enfrentamientos con las fuerzas israelíes usando piedras, cócteles molotov y armas caseras.

La Segunda Intifada: el Muro que penetró en Cisjordania
La frustración acumulada de la población palestina ante el estancamiento del proceso de paz que había comenzado con los Acuerdos de Oslo resultó en una nueva revuelta, conocida como la Segunda Intifada. Esta revuelta fue mucho más violenta que la primera, caracterizada por ataques armados, atentados suicidas y operaciones militares israelíes que provocaron miles de víctimas civiles y combatientes en ambos bandos.
Durante este periodo, Hamas se consolidó como un actor central en la resistencia palestina, organizando atentados y fortaleciendo su influencia política y social, especialmente en Gaza.
Como respuesta a la escalada de violencia, Israel comenzó en 2002 la construcción del Muro de separación, que no siguió la línea de frontera de 1967, sino que penetró en Cisjordania, incorporando tierras agrícolas, colonias y recursos naturales, y aislando pueblos enteros y que, en 2004 fue declarada ilegal por la Corte Internacional de Justicia.

De la llegada de Hamás al conflicto actual
Desde la retirada unilateral israelí de 2005, en la que se desmantelaron los asentamientos y se retiraron las tropas, Gaza quedó bajo administración palestina, aunque Israel mantuvo un control estricto sobre las fronteras terrestres, el espacio aéreo y las aguas territoriales, limitando de facto la soberanía del enclave.
Sin embargo, tras el fracaso de cualquier plan de paz y el abandono israelí de los territorios ocupados, la paz estaba muy lejos de llegar a las calles de Gaza y Cisjordania: en 2006, el grupo islamista Hamas ganó las elecciones en Gaza y se hizo con el control de la franja, desde donde ha llevado a cabo una dura oposición armada contra Israel, mientras que Fatah mantuvo el control de Cisjordania
Aunque las fronteras oficiales no cambiaron, el territorio quedó prácticamente aislado debido al bloqueo impuesto por Israel y Egipto, que restringió el paso de personas y mercancías.
En 2008, Israel lanzó la Operación Plomo Fundido en Gaza, seguida por otras ofensivas en 2012 (Pilar Defensivo) y 2014 (Margen Protector), que dejaron miles de muertos y desplazados y reforzaron el bloqueo sobre la Franja.
Años más tarde, en 2017, la decisión de Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como capital de Israel generó fuertes tensiones, mientras que en 2018 la Gran Marcha del Retorno evidenció la persistente demanda palestina por el derecho al retorno y el fin del bloqueo.

En 2020, la firma de los Acuerdos de Abraham entre Israel y varios países árabes consolidó la normalización de relaciones sin avances significativos para Palestina, y en mayo de 2021 estalló un nuevo conflicto de 11 días en Gaza y Jerusalén Este, con cientos de muertos y destrucción masiva en los que, sin embargo, tampoco se modificaron las fronteras.
Casi diecisiete años después, la historia del pueblo palestino volvería a estar colmada de muertes y desplazamientos, cuando tras los atentados perpetrados por Hamas el 7 de octubre 2023 contra asentamientos del sur de Israel, el Estado judío respondió con una ofensiva militar masiva en la Franja de Gaza que ha resultado, hasta ahora, en la muerte de más de 66.000 palestinos y 400.000 desplazados —según el gobierno gazatí controlado por Hamás— y que ha sido calificado por una comisión independiente de la ONU como genocidio.
Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.

