Varios de los 111 inmigrantes brasileños deportados por Estados Unidos que llegaron a Brasil el pasado viernes denunciaron haber viajado en condiciones inhumanas, con esposas y cadenas en los pies, y sin acceso a alimentos durante 12 horas.
Al llegar a Brasil, las autoridades locales les retiraron las esposas y cadenas y les proporcionaron agua, alimentos y un kit de higiene para su bienestar en un centro de acogida.
El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ya había denunciado anteriormente a la Administración de Donald Trump por el trato inhumano recibido por deportados en vuelos anteriores, lo que llevó a la organización de Fortaleza como punto de recepción para minimizar la duración del trayecto desde Estados Unidos.
El defensor público federal de Brasil, Edilson Santana, expresó su preocupación por las condiciones en las que Estados Unidos envió a los deportados. Este fue el segundo vuelo de repatriación desde la implementación de la nueva política migratoria de Trump y transportó a 111 personas, entre adultos, adolescentes y niños. Sin embargo, se informó que los menores y sus responsables no viajaron con esposas o cadenas.
Muchos de los repatriados eran originarios del estado de Minas Gerais, por lo que la Fuerza Aérea Brasileña se encargó del traslado hasta el aeropuerto de Confins, en Belo Horizonte.
Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.

