La Cúpula Dorada de Donald Trump busca alternativas al SpaceX de Musk

La administración de Donald Trump está diversificando sus alianzas para avanzar en la construcción del ambicioso sistema de defensa antimisiles “Golden Dome”, evaluado en 175 mil millones de dólares. En este contexto, funcionarios del gobierno han iniciado conversaciones con gigantes tecnológicos como Amazon —a través de su Proyecto Kuiper— y con contratistas tradicionales de defensa, en un intento por reducir su dependencia de SpaceX, empresa clave hasta ahora pero cada vez más afectada por las tensiones personales entre Trump y su CEO, Elon Musk.

El giro estratégico responde a una creciente preocupación dentro del Pentágono y la Casa Blanca por el dominio que SpaceX ejerce sobre las comunicaciones militares estadounidenses a través de sus constelaciones satelitales Starlink y Starshield. Incluso antes del enfrentamiento público entre Trump y Musk del 5 de junio, ya existía malestar entre funcionarios de alto nivel por la concentración de responsabilidades en una sola empresa.

Aunque SpaceX sigue liderando en capacidad de lanzamiento y cuenta con más de 9.000 satélites en órbita, su rol podría verse reducido en futuras fases del proyecto. Dos fuentes cercanas al proceso confirmaron que se están abriendo licitaciones a nuevos actores del sector aeroespacial, entre ellos las firmas emergentes Stoke Space y Rocket Lab.

Apuesta por alternativas tecnológicas

En paralelo, el Pentágono inició contactos con el Proyecto Kuiper, la constelación satelital de Amazon que desplegó hasta ahora 78 de los 3.000 satélites previstos. Si bien Kuiper se pensó inicialmente con fines comerciales, su potencial militar —especialmente para comunicaciones seguras y rastreo de misiles— lo posiciona como un posible socio clave. El propio Jeff Bezos reconoció en enero que su red tendrá “sin duda” aplicaciones de defensa.

Por ahora, ni el Pentágono ni la Casa Blanca han emitido declaraciones oficiales al respecto. Tampoco lo hizo Kuiper, que se mantiene en silencio frente a las consultas periodísticas.

Además de los nuevos nombres del sector tecnológico, el gobierno también está en diálogo con los históricos contratistas de defensa. Empresas como Lockheed Martin, Northrop Grumman, L3Harris y RTX (antes Raytheon) han manifestado su disposición a integrarse al proyecto. Desde Lockheed, su presidente de la división espacial, Robert Lightfoot, aseguró que están “listos para apoyar Golden Dome como un socio de misión confiable”.

Northrop, por su parte, trabaja en un interceptor espacial, una pieza clave del sistema que permitiría neutralizar amenazas desde órbita. L3Harris detectó un fuerte incremento en el interés por sus tecnologías de alerta temprana, vitales para detectar y rastrear misiles.

Carrera contrarreloj y desafíos de seguridad

El despliegue del programa fue acelerado por impulso directo de Trump, quien lo puso en marcha apenas una semana después de asumir su segundo mandato. El general de la Fuerza Espacial Michael Guetlein, confirmado por el Senado el 17 de julio, estará al frente del desarrollo. Según una directiva firmada por el secretario de Defensa Pete Hegseth, el general tiene apenas 30 días para conformar su equipo, 60 días para presentar un diseño preliminar y 120 para entregar un plan detallado, incluyendo configuraciones de satélites y estaciones terrestres.

Tras la publicación de la noticia por parte de la agencia Reuters, el Pentágono confirmó que la arquitectura general del sistema será definida en los próximos dos meses.

El uso de satélites comerciales en una infraestructura tan sensible como Golden Dome también plantea interrogantes sobre ciberseguridad. En mayo, Musk reconoció que SpaceX está invirtiendo enormes recursos para contrarrestar interferencias rusas en su red Starlink, una señal de alerta sobre la vulnerabilidad de estos sistemas.

Cambio de tablero geopolítico

La evolución del Golden Dome podría modificar radicalmente la arquitectura global de seguridad. Un escudo espacial plenamente operativo obligaría a otros países a acelerar sus propios desarrollos ofensivos o avanzar hacia la militarización del espacio, alimentando nuevas tensiones.

En Washington, el Congreso dejó clara su apuesta por este tipo de capacidades: el año pasado destinó 13.000 millones de dólares para potenciar servicios de comunicación satelital de la Fuerza Espacial, frente a los 900 millones previamente autorizados. Esa decisión busca dinamizar la producción en el sector privado y estimular la competencia.

Por ahora, compañías como Palantir y Anduril —con vínculos estrechos con Trump— también permanecen como potenciales beneficiarias del programa. Sin embargo, la irrupción del “Partido América”, la nueva plataforma política lanzada por Musk para enfrentarse a sectores republicanos alineados con Trump, introdujo un elemento de incertidumbre que reconfigura la puja por los contratos.

En medio de rivalidades empresariales y tensiones políticas, el futuro del Golden Dome avanza entre alianzas estratégicas, urgencias presupuestarias y un horizonte tecnológico que promete redefinir el dominio militar desde el espacio.

Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.