La victoria del nacionalista Karol Nawrocki en las presidenciales en Polonia vuelve a poner a la Unión Europea en un momento complicado con uno de los grandes socios, que aspira además a ser parte del motor del bloque comunitario. Pero, ¿y si hay una parte positiva en todo esto, sobre todo de cara a las relaciones de Bruselas con la Administración Trump? Es una pregunta pertinente. Con Nawrocki y Giorgia Meloni se puede formar un eje que tendría ciertos beneficios para Bruselas. Aunque el polaco se describa como euroescéptico y cercano a EEUU, se abre una ventana de oportunidad para que ejerza junto a Roma como ‘puente’ con Washington.
Polonia quiere ser protagonista en Europa y ese es el mensaje que sale del primer ministro, Donald Tusk. Es la ‘tormenta perfecta’ para que Varsovia esté en el ‘grupo de cabeza’ de la Unión Europea. Para empezar, porque Ucrania sigue en el foco y Polonia es uno de sus principales aliados desde que empezó la invasión rusa. No solo le ha dado respaldo económico o humanitario, sino que por ejemplo el pasado mes de julio ambos países firmaron “un acuerdo sin precedentes” que incluía la formación de militares ucranianos en territorio polaco. La realidad es que Polonia, en términos de envío de material militar, no está en el podio de socios, pero se ha comprometido a unos 3.000 millones de euros, según los últimos datos disponibles.
Varsovia es capaz de tejer alianzas con gobiernos de todo color político. Tusk representa el conservadurismo tradicional, pues además de todo lo anterior es una pieza clave en el Partido Popular Europeo, y quizá su hombre más importante junto al primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis. Tal es su oposición, al mismo tiempo, a los pactos con la derecha radical que en las últimas elecciones se impuso precisamente a ellos, formando una coalición centrista para enfrentarse al PiS, que llevaba más de una década al frente del Ejecutivo. Esa postura le permite tener buenos contactos con figuras como la propia Meloni, pero también con Scholz o Sánchez, que están en el lado socialdemócrata.
Ahora la victoria de Nawrocki puede frenar esas aspiraciones a gran escala -puede vetar normativas- en el país de la UE que más gasto en defensa tiene respecto de su PIB (cerca ya de un 5%). Pero quizá la dupla Tusk-Nawrocki sirva para ‘amansar’ a Donald Trump: cercanía ideológica del presidente, habilidad política del primer ministro. Tusk cree en la UE y en la OTAN; Nawrocki no, pero sí puede forjar ciertos contactos ‘con cuerpo’ con la Administración estadounidense en tiempos de mucho choque Washington-Bruselas. EEUU ya no es un aliado para Bruselas, pero tampoco puede ser un enemigo, insinuó el medio 20minutos.
En su caso, Italia ya está demostrando ese papel de ‘gregario’ de la UE de la mano de Meloni. Vale un ejemplo: la única reunión que se ha dado recientemente de alto nivel y de manera presencial entre la Unión y EEUU fue la que mantuvieron la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y fue en Roma coincidiendo con la primera misa del papa León XIV. La primera ministra italiana se encargó de sentar a ambos en una mesa para tratar temas como la guerra comercial, las relaciones con China o la situación en Ucrania. Sin ese ‘enlace’ de Meloni muy probablemente el encuentro no se hubiera producido.
Con todo eso, Meloni asume un rol para el que en realidad ya tenía que estar preparada: su euroescepticismo ha ido tornando en pragmatismo una vez que ha llegado al poder, y esa visión práctica de la realidad es la que necesita Bruselas cuando se trata de hablar con Trump. Cuando el magnate volvió a la Casa Blanca se asumió el papel de Roma y Meloni mantiene su apoyo a Ucrania, su rechazo a los aranceles y una posición algo ambivalente respecto a China. Todo, en general, para contentar a la UE y a la vez seguir siendo vista con buenos ojos en Estados Unidos.
En general, Hungría, liderada por Viktor Orbán, sigue siendo el principal aliado ideológico de Trump en Europa. Orbán ha respaldado abiertamente su candidatura y mantiene una narrativa alineada con el trumpismo en temas como migración, identidad nacional y soberanía frente a Bruselas. Esta cercanía ha sido reafirmada en foros internacionales y medios conservadores, donde ambos líderes se elogian mutuamente como referentes del nuevo nacionalismo occidental; ahora, Orbán nunca podrá ser un enlace con Bruselas precisamente por ser su Gobierno el más abiertamente anti UE que existe ahora mismo dentro del bloque comunitario.
El Reino Unido, pese a no ser miembro de la UE, sí podría actuar en algunos casos como pegamento. Aunque la relación con el actual primer ministro británico, Keir Starmer, no es tan estrecha como lo fue con Boris Johnson, algunos sectores del Partido Conservador siguen viendo en Trump un aliado útil para reimpulsar un acuerdo comercial bilateral o reposicionar a Londres como socio privilegiado de Washington fuera del eje UE-OTAN tradicional. Por otro lado, Serbia mantiene una disposición pragmática, recordando positivamente el enfoque negociador de la primera administración Trump respecto a los acuerdos con Kosovo. En un contexto geopolítico inestable, ciertos gobiernos medianos o periféricos de Europa podrían valorar un trato directo y transaccional como el que Trump promovió en su primer mandato. El caso serbio, eso sí, es delicado para la UE precisamente por las similitudes de Alexandr Vucic con Orbán y su cercanía a Vladimir Putin.
Bruselas sigue defendiendo el diálogo con la Casa Blanca pese a la ofensiva comercial o las diferencias sobre Ucrania, pero las distancias tienen que acortarse de la mano de líderes que puedan tener credibilidad y presencia a ambos lados del Atlántico. Con Meloni las cosas van por buen camino en este sentido para la UE y aunque Narowcki se posicione lejos de la Unión quizá se vea como una opción que acompañe a Roma en el viaje (político) hacia Estados Unidos.
Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.

