‘Pepe’ Mujica: líder político ejemplar y referente global de sencillez y compromiso

Nacido el 20 de mayo de 1935 en Montevideo, con raíces vascas e italianas, José “Pepe” Mujica vivió una vida marcada por la lucha, la clandestinidad y la perseverancia. Hijo de un agricultor que falleció cuando él apenas contaba seis años, Mujica no concluyó la secundaria, pero desde joven mostró una curiosidad insaciable y un interés profundo por entender la realidad de su país.

Sus primeros pasos en la política fueron con el Partido Nacional, agrupación de centroderecha donde llegó a ser secretario de la rama juvenil. Sin embargo, en 1962 abandonó esa estructura y fundó, junto a otros, la izquierdista Unión Popular. Dos años después, se integró a las filas de los Tupamaros, organización guerrillera que marcaría su destino.

La guerrilla y la cárcel

Durante años, Mujica fue un activo militante de la guerrilla uruguaya. Mientras cultivaba su chacra en las afueras de Montevideo, participaba en acciones clandestinas. Su compromiso le costó caro: en un enfrentamiento armado, recibió seis balazos y fue detenido en varias ocasiones. En total, fue arrestado cuatro veces y logró escapar en dos ocasiones de la prisión de Punta Carretas. Sin embargo, su última captura lo mantuvo en la cárcel durante 12 años, desde 1972 hasta 1985, en condiciones infames y en aislamiento, junto a otros dirigentes guerrilleros como Raúl Sendic, Eleuterio Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof. La dictadura los consideraba rehenes, y temía que su libertad pudiera reactivar la movimiento insurgente.

Su paso por la prisión quedó plasmado en la película La noche de 12 años (2018), basada en las memorias de Rosencof y Fernández Huidobro, que retrata la dureza de aquellos años.

Reflexiones desde la prisión

Años después, Mujica recordaba con sencillez: “La noche que me ponían un colchón me sentía confortable. Aprendí que si no puedes ser feliz con pocas cosas, no lo serás con muchas. La soledad de la prisión me hizo valorar muchas cosas”. Finalmente, en marzo de 1985, tras la recuperación de la democracia, fue puesto en libertad, en un contexto de amnistía general.

De la resistencia a la política institucional

Poco después, junto a antiguos compañeros de lucha, fundó el Movimiento de Participación Popular (MPP) y se integró al Frente Amplio, una coalición de izquierdas. La vocación militante no decayó: en 1994 fue electo diputado, llegando en 1999 al Senado. Su imagen, que en sus inicios parecía de un hombre sencillo y austero, comenzó a consolidarse en la política nacional.

En sus primeros años en el Congreso, sorprendió a sus colegas al llegar en una vieja motocicleta y tener que demostrar que era un legislador electo para poder ingresar. La sencillez y el compromiso siguieron siendo sus señas de identidad: “No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje”, solía afirmar.

El ascenso a la presidencia

Con el paso de los años, Mujica fue ganando protagonismo dentro del Frente Amplio. En 2004, su fuerza se consolidó en las urnas, y en 2008 fue designado ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca en el gobierno de Tabaré Vázquez. Desde esa posición, se ganó la confianza de la sociedad con su estilo directo y cercano, y con declaraciones que mezclaban profundidad y sencillez.

Tras una exitosa campaña, en 2009 fue elegido presidente con el 54% de los votos, en una segunda vuelta contra el candidato del Partido Nacional, Alberto Lacalle. Mujica asumió el cargo el 1 de marzo de 2010, jurando ante su esposa, Lucía Topolansky, quien sería la primera senadora en la historia del país.

Un presidente en el campo y en el pueblo

Mujica decidió seguir viviendo en su chacra en Rincón del Cerro, en las afueras de Montevideo, una decisión que sorprendió a su entorno y complicó la seguridad. Su mandato fue pragmático, marcado por políticas sociales y un enfoque económico que defendía un capitalismo con rostro humano. Su estilo sobrio, que lo llevó a vivir sin ostentaciones, le valió la fama internacional: “¿Qué le llama la atención al mundo? ¿Que vivo con poca cosa, que ando en un autito viejo? Entonces, este mundo está loco, porque le sorprende lo normal”, afirmó en una oportunidad.

Durante sus cinco años en el Ejecutivo, Mujica promovió reformas sociales y culturales, como la legalización de la marihuana, el matrimonio igualitario y políticas de acogida a refugiados sirios. En 2014, volvió al Senado, pero en 2020 anunció su retirada definitiva de la política activa, en plena pandemia de coronavirus. Desde entonces, se refugió en su chacra, aunque su influencia seguía siendo significativa.

Mujica y un legado imborrable

Mujica no solo fue un símbolo de resistencia y coherencia, sino también un ejemplo de vida austera y compromiso social. Su muerte este martes ha dejado una huella profunda en la política uruguaya y en la región, consolidando su figura como uno de los líderes más auténticos y queridos del siglo XXI.

Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.