Trump y su incumplida promesa pacifista

La decisión de Donald Trump de atacar instalaciones nucleares claves de Irán puede que se haya convertido en una de las más importantes y decisivas que haya tomado desde su segunda llegada a la Casa Blanca hace tan solo cinco meses. Con semblante serio y ante la atenta mirada de todo el mundo, el mandatario compareció este domingo confirmando que el Ejército de Estados Unidos había bombardeo con éxito instalaciones nucleares iraníes, país a cuyo régimen islamista mandó directamente un mensaje: elegir entre la paz “o una tragedia más grande que la que han visto en los últimos ocho días”.

Con esas palabras, Estados Unidos ha entrado así de lleno en la guerra de Oriente Próximo, una posición que choca precisamente con las posturas que tanto había manifestado Trump durante la campaña electoral e, incluso, durante sus primeros meses de Gobierno. El líder del Despacho Oval, de hecho, había llegado a ser muy crítico contra la Administración Biden por su incursión en la guerra de Ucrania y por el conflicto en Gaza, asegurando en varias ocasiones que si él hubiera sido presidente, ni Vladimir Putin hubiera comenzado a invadir Ucrania, ni Hamás habría llevado sus ataques del 7 de octubre.

“Mediremos nuestro éxito no solo por las batallas que ganemos sino por las guerras con las que acabemos”, llegó a destacar el presidente de Estados Unidos en su discurso de investidura el pasado 20 de enero. Apenas unos días después de esas palabras, el 4 de febrero, Trump pronunciaba otras aún más llamativas: “Merezco el Nobel de la Paz, pero nunca me lo darán. Es una pena”. Así, tanto él como su Administración han expresado durante estos meses su deseo de recibir tal distinción -al igual que lo hizo Obama- bajo la promesa, así, de que conseguirían acabar con las guerras actuales. Pero la situación actual, sin embargo, dista mucho de ser la que prometían y, sobre todo, la que era hace unos meses.

En el caso de Ucrania, el mandatario llegó afirmar que terminaría con el conflicto en apenas 24 horas, un plazo que luego acabó alargando a seis meses y del que ahora no se pronuncia. Más aún después de que las opiniones de Trump y su Gobierno sobre las negociaciones para acabar con la guerra hayan ido cambiando paulatinamente, tal como recordó el medio 20minutos.

El pasado 12 de febrero, recién llegado a la Casa Blanca, Trump confirmó haber llamado a Putin para debatir sobre un posible alto el fuego. Se trataba, así, de una llamada que acabó sorprendiendo a los aliados europeos. Tras ella, se emplazaron a llevar a cabo reuniones entre funcionarios rusos y estadounidenses para terminar con el conflicto, un movimiento con el que tanto Volodímir Zelenski como Europa movió ficha, dictaminando que Ucrania no podía quedar relegada de las conversaciones de paz.

Del desencuentro con Zelenski a las críticas a Putin

Mientras los encuentros entre Rusia y Estados Unidos avanzaban, la Casa Blanca vivió el desplante al presidente Zelenski que se acabó convirtiendo en una conversación caótica entre el mandatario ucraniano y el líder estadounidense. El vicepresidente JD Vance, además, llegó a acusar a Ucrania en ese encuentro de no querer la paz y días después Estados Unidos llegó a paralizar los envíos de ayuda militar al país.

Tras varias conversaciones, Ucrania acabó aceptando un alto al fuego de 30 días propuesto por Estados Unidos, pero la complicación acabó llegando de la otra mano. Las autoridades rusas aceptaron el acuerdo en un principio, pero acabaron imponiendo una serie de condiciones que eran imposibles de aceptar para Ucrania. La posibilidad de la paz, de esta forma, se fue diseminado con el tiempo. Más aún después de que Moscú llevara a cabo el 23 de abril el mayor ataque contra Kiev desde verano de 2024.

“No estoy contento con los ataques rusos sobre KYIV. No son necesarios y llegan en pésimo momento. ¡Vladimir, BASTA! Están muriendo 5.000 soldados por semana. ¡Cerremos el acuerdo de paz YA!”, declaraba Trump en sus redes sociales, augurando ya un cambio de postura. Tan solo dos días después, en pleno funeral por el papa Francisco, el mandatario estadounidense se reunió en el Vaticano con Zelenski y la imagen entre ambos líderes pasó a ser otra muy distinta. Trump, además, comenzó a criticar abiertamente a Putin. “No sé si Putin realmente quiere terminar la guerra o sólo me está manipulando”, llegó a afirmar tras las continuas negativas rusas por los acuerdos de paz que se estaban fraguando.

Durante los últimos meses, las conversaciones han seguido estando prácticamente estancadas y parece que el líder de la Casa Blanca habría optado por tirar la toalla. Desde su Gobierno, asimismo, llegaron a asegurar que no continuarán con los esfuerzos de paz “durante semanas o meses”.  “Siempre he tenido una muy buena relación con Vladimir Putin de Rusia, pero algo le ha pasado. ¡Se ha vuelto completamente loco! Está matando a mucha gente innecesariamente, y no me refiero solo a soldados”, llegó a afirmar Trump de nuevo tras otro ataque ruso contra Ucrania el pasado 26 de mayo.

Así, ahora, aunque Trump haya amenazado a ambos países con nuevas sanciones si no llegan a un acuerdo, lo cierto es que por el momento, Moscú sigue imponiendo ciertas condiciones que Ucrania no acepta. No parece, por tanto, que haya atisbo de pacto entre las partes. “Cuando vea el momento en que esto no va a parar seré muy, muy, muy duro. Y, para ser sincero, podría serlo sobre ambos países”, aseguró Trump hace dos semanas sobre esas nuevas sanciones. El mandatario, meses después, ha terminando por calificar el actual conflicto como “una guerra de niños” y, bajo la promesa de ser un líder pacifista, por ahora, sigue a la espera de poder ponerle fin.

El ataque a Irán

Mientras en Ucrania el líder del Despacho Oval ha intentado imponer las conversaciones de paz sin éxito, la entrada de Estados Unidos en Irán supone ahora un nuevo cambio con respecto a su política exterior. Mientras Trump apoyaba las acciones de Israel en Gaza, según el diario New York Times, el mandatario estadounidense disuadió en abril a Benjamín Netanyahu de que atacara a Irán y que el conflicto entrara en una nueva escalada.

Al contrario que Israel, Trump persistía, de esta forma, en una solución diplomática para acabar con el rearme nuclear de Teherán. De hecho, mantenía varias negociaciones con Irán y aseguraba que el acuerdo estaba cerca. Sin embargo, el ataque israelí del pasado viernes 13 de junio acabó dinamitando esas conversaciones por los aires y el presidente Trump pasó en cuestión de días de defender la paz a amenazar con acabar con la vida del líder supremo iraní, Ali Jamenei, quien se encuentra en paradero desconocido.

“Sabemos exactamente dónde se esconde el llamado líder supremo”, dijo Trump hace tan solo unos días: “Es un blanco fácil, pero allí está a salvo. No vamos a eliminarlo (¡matarlo!), al menos por ahora. Pero no queremos que se lancen misiles contra civiles o soldados estadounidenses. Nuestra paciencia se está agotando”, añadió el mandatario, quien ya jugaba con la idea de bombardear las bases nucleares de Irán, aunque en público aseguraba que iba a darse “dos semanas” para decidir si entraba en el conflicto abierto.

Ahora, una vez que ha Trump ha decidido seguir los pasos de Netanyahu, la decisión ha dividido al Partido Republicano y a muchos de los seguidores de Trump precisamente por haberse, durante tanto tiempo, establecido como un “líder pacifista” y por haber criticado previamente las incursiones de Estados Unidos en guerras ajenas. A la espera de lo que pueda suceder de aquí en adelante, lo cierto es que la situación recuerda cada vez más a lo ocurrido en Irak o Afganistán, ejemplos de política exterior estadounidense recientes que Trump había llegado a criticar. Todo, ahora, parece haber cambiado.

Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.