En 1997 el mundo era otro y erigía por toda Europa una nueva izquierda llena de personajes carismáticos, alejados del establishment político y capaces de persuadir a cualquiera. En ese grupo estaba Tony Blair. Ahora, casi 30 años después, vuelve a escena porque Trump piensa ‘rescatarle’ para que lidere un Gobierno de transición en Palestina cuando llegue la paz. En realidad, Estados Unidos quiere ‘rescatar’ a un político que prometió un nuevo laborismo para el Reino Unido y quedó marcado por la guerra de Irak; es el político de las dos caras que entra dentro de la terna que completan Matteo Renzi en Italia o François Hollande en Francia: una socialdemocracia que para muchos no fue tal.
Tony Blair tiene de todo un poco: a nivel político fue un soplo de aire fresco para el Reino Unido y así se lo hicieron saber los ciudadanos. Fue capaz de ganar tres elecciones consecutivas, hazaña sin precedentes para su partido, y al mismo tiempo dejó tras de sí una huella de controversia que sigue dividiendo a británicos y observadores internacionales. Blair es, en última instancia, un líder que caminó entre la luz y la sombra, entre el carisma y la desconfianza. El nuevo laborismo que él acuñó empezó siendo un impulso y acabó siendo un engaño para muchos, que castigaron a los suyos con décadas en la oposición a posteriori. ¿Pagaron los demás los platos rotos de Blair? Es muy probable.
Londres conoció a Thatcher y no quiso a nadie demasiado a la izquierda, así que encontró a Tony Blair. El mismo que quiso definir sus planteamientos de una manera lo más sintetizada posible. “La tercera vía no es una traición a la izquierda ni una concesión a la derecha, es la manera de avanzar”, dijo en su día. Se hizo con el centro político desde el socialismo y acabó perdido en tremendas críticas por la famosa foto de las Azores junto a George W. Bush y José María Aznar.
Metió a su país en la guerra de Irak y ahí empezó su declive. Quizá era el menos convencido de los tres de lo que estaba haciendo tras el 11-S; sin ir más lejos, convivió en esa imagen con dos firmes líderes conservadores y ahí también apostó por el camino del medio sin saber que sería esa tibieza ideológica lo que le acabaría pasando factura. Su historia es la del político que quiso modernizar sin romper, y que terminó atrapado en la contradicción entre la visión de estadista global y las heridas de una guerra que nunca terminó de justificar, tal como analizó el medio 20minutos.
Más allá de su papel como primer ministro, Blair dejó una impronta en el debate político global al insistir en que la política debía adaptarse a los nuevos tiempos. Impulsó reformas en educación y salud, y defendió la necesidad de combinar apertura económica con políticas de cohesión social. Su visión del liderazgo estaba marcada por la idea de anticiparse al cambio, no resistirlo. Como él mismo afirmó en un discurso que sintetiza su pensamiento: “La era de la pasividad ha terminado; debemos estar preparados para gobernar el cambio, no simplemente sufrirlo”.
Ahora se ha convertido en erudito, experto en foros internacionales, y político sabio para muchos… entre ellos Donald Trump, que valora su nombre para que sea algo así como ‘un presidente transitorio’ hacia la paz en Gaza. De hecho, Blair ve con buenos ojos el plan de Estados Unidos para la Franja, así que en realidad no se descarta para ese puesto. “Nos ofrece la mejor oportunidad de poner fin a dos años de guerra, miseria y sufrimiento, y agradezco al presidente Trump su liderazgo, determinación y compromiso”, expuso en un comunicado.
Blair cree que esa hoja de ruta “puede proporcionar un alivio inmediato a Gaza y ofrecer la posibilidad de un futuro mejor y más prometedor para su pueblo, al tiempo que garantiza la seguridad absoluta y duradera de Israel y la liberación de todos los rehenes”.
Tony Blair es de ese tipo de clase política inmortal, que sobrevive a las épocas solo por haber estado presente en momentos históricos, ya sea para bien o para mal. Irak no le pesa tanto como la etiqueta de hombre ‘de centro’ que vale para un roto y para un descosido. Una especie de tecnócrata que nunca lo fue y que se ha ido haciendo a esa etiqueta con el paso del tiempo; un Mario Draghi que en lugar de posicionarse para apagar fuegos económicos o de competitividad aparece en escena para esfuerzos diplomáticos que nadie quiere hacer estando en activo. Blair es un ‘dinosaurio’ de la política europea, con todo lo malo y lo bueno que pueda tener esa acepción.
Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.


