El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, aterrizó este pasado martes en Tel Aviv para supervisar la implementación del acuerdo del alto al fuego firmado por Israel y Hamás el 10 de octubre. Se suma al enviado especial de la Casa Blanca para Oriente Medio, Steve Witkoff, y Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense, que llegaron el lunes.
Mientras, Donald Trump ha instado de nuevo a Hamás a que se acoja a los términos de su plan, el que pactó con Israel, advirtiendo que en caso contrario podrían ser “erradicados”. Hamás se niega de momento a desarmarse e Israel ha efectuado bombardeos selectivos en la Franja en respuesta a ataques del grupo terrorista palestino a sus tropas que han dejado dos soldados muertos. Los ataques israelíes, por su parte, han matado a un centenar de palestinos, según el gobierno gazatí.
Ese es el contexto del drama que vive la Franja de Gaza. Los gazatíes intentan recuperar algo parecido a la normalidad pero Hamás intenta volver a controlar el lugar y para ello ha lanzado una persecución interna contra la disidencia interna palestina. Inicialmente el presidente Trump afirmó haber dado “permiso” a Hamás para realizar estas persecuciones. Sin embargo, después rectificó y amenazó al grupo islamista: “Si siguen ejecutando a gazatíes, no tendremos más remedio que entrar y matarles”.
La milicia islamista ha llevado a cabo varias redadas y operaciones contra clanes a los que acusa de colaborar con Israel. De ello se ocupa Radea, una unidad de su policía dedicada a la persecución de grupos armados que se oponen a la milicia o presuntos colaboracionistas con el Estado hebreo, publicó el medio 20minutos.
“De norte a sur, la mano de Radea está golpeando los antros de la traición y la colaboración en este momento”, anunció la Radea el pasado sábado en su canal de Telegram. Persigue tanto a milicias independientes como a clanes armados acusados de disparar contra la “resistencia”, colaborar con Israel, actuar como mercenarios estadounidenses que custodiaban el reparto de alimentos o robar ayuda humanitaria.
Uno de los principales objetivos de la Radea de Hamás es Yasser Abu Shabab, líder de una milicia conocida como las Fuerzas Populares. Está asentado en Rafah (sur), un área donde Hamás no puede operar por la presencia israelí, pero también en el norte y centro de Gaza.
A finales de septiembre, se vieron imágenes de soldados de Hamás ejecutando en la ciudad de Gaza a tres miembros de esta milicia opositora acusados de colaborar con Israel. Otro vídeo mostró otra ejecución similar, esta vez de ocho personas, hace sólo una semana.
En Rafah, Abu Shabab se encarga de garantizar el paso de los camiones de ayuda humanitaria con la aprobación del Ejército israelí, los mismos camiones que antes asaltaba con una banda de ladrones, según confirman organizaciones internacionales. Desde el inicio de la tregua, ha publicado en Facebook vídeos conduciendo entre las ruinas.
La Radea dice haber recuperado el control de las áreas dominadas por dos clanes: los Dogmush, en el barrio de Sabra de la ciudad de Gaza, y la milicia de Hussam Al Astal, en la gobernación de Jan Yunis. Cuenta Efe, que esta unidad de la policia de Hamás llevó allí a cabo una redada de unas quince horas entre el domingo y el lunes, en la que detuvo a más de sesenta miembros de ambos grupos. Además, el martes, la Radea se enfrentó en el barrio de Shujaiya, en la ciudad de Gaza, a la milicia conocida como Halles.
Al Astal dirige otra facción armada llamada Fuerza de Ataque Antiterrorista, también tras las líneas israelíes, esta vez en el este de Gaza. En declaraciones a The Independent, asegura estar ya en contacto con la administración Trump para hablar de la situación tras la guerra. Al Astal dice que quiere colaborar con Tony Blair: “Hoy, somos los que tenemos credibilidad… Estamos decididos y somos capaces. En un futuro próximo, seremos nosotros, no Hamás”.
Hamás no ha presentado pruebas que demuestren la colaboración de estos clanes con Israel. En algunos casos, como los de Abu Shabab, Al Astal o los Halles, la sospecha surge porque han circulado por zonas controladas por Israel sin impedimentos.
Pero Israel se ha movido en ese sentido, potenciando a nuevos grupos para que se opongan al grupo islamista. Es lo que Tel Aviv ya hizo con Hamás en su día. Desde 2018, facilitó que millones de dólares llegaran a Gaza desde Catar para debilitar a Fatah, la formación nacionalista palestina que controla la Autoridad Nacional Palestina.
En junio, el propio Benjamin Netanyahu reconoció que Israel estaba armando a milicias del enclave. “Bajo el consejo de oficiales de seguridad, hemos activado a los clanes en Gaza que se oponen a Hamás. ¿Cuál es el problema?”, declaró el primer ministro israelí en un vídeo difundido en redes.
Al Astal reconoce actuar en “coordinación” con Israel y a los Dogmush los residentes le han acusado en numerosas ocasiones de haber colaborado con el Ejército de Israel. Hace una semana, fuerzas de la policía de Hamás y los Dogmush se enfrentaron a tiros en Sabra. En los vídeos difundidos en la Red de Noticias Quds y distintos canales utilizados por periodistas palestinos se observa a los policías encapuchados de Radea abriendo fuego en ese barrio del centro de la capital gazatí.
Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.


