El salario mínimo que dejó Sergio Massa tras su paso por el Ministerio de Economía se posiciona como el más bajo de Latinoamérica, solo superado en miseria por Venezuela.
El Presidente Javier Milei cumple un mes en el máximo cargo de la Nación, mientras continúa piloteando la peor crisis de la historia de la Argentina que, si bien tiene origen en los descalabros de la primera gestión kirchnerista, se recrudeció a este punto durante los 18 meses de gestión de Sergio Massa al frente del Ministerio de Economía.
A medida que pasan los días, surgen nuevos datos que permiten dimensionar mejor la magnitud del “Massazo“, como se conoce a la crisis que atraviesa el país actualmente. El último informe es que, a su salida en diciembre, el salario mínimo en Argentina se situó en $156.000, representando tan 152 dólares mensuales, al tipo de cambio libre $1.024 que se registró el día de la asunción de Javier Milei, según datos de la Consultora Statist.
Esta cifra coloca a la Argentina como el segundo salario mínimo más bajo en la región, solo por detrás de Venezuela, evidenciando el total colapso del sistema económico durante la gestión massista, y la fallida “recomposición del salario” que prometió durante la campaña.
Costa Rica (687 dólares), Uruguay (570 dólares) y Chile (520 dólares) ocupan los primeros tres lugares y superan ampliamente esta cifra. Los tres casos son quizás los países con economías más libres de la región, en especial Costa Rica, cuya economía depende exclusivamente de zonas libres de impuestos que han permitido desarrollarse y subir fuertemente los salarios de los locales.
En el ranking también se ubican países como Ecuador (460 dólares) y El Salvador (365 dólares), que tienen sus economias dolarizadas y duplican y triplican el salario, tanto mínimo como promedio, que tienen los argentinos.
Debajo de Argentina solamente se ubica Venezuela, que gracias a las políticas socialistas del régimen chavista mantiene actualmente un salario mínimo de 3,61 dólares, los más miserables de todo el continente.
Es importante tener en cuenta que el salario mínimo no siempre mantiene una correlación con el salario promedio de un país, y es este último dato el que mejor estima el nivel de vida de una sociedad, y no el sueldo mínimo.
Si la brecha entre el salario mínimo y el promedio es corta, como por ejemplo ocurre en Colombia, Brasil y Bolivia, esto puede ser un indicador de que el país atraviesa mayores índices de desempleo.
El escenario ideal sería, por lo tanto, un salario promedio alto, y un salario mínimo bajo (o incluso, inexistente), lo cual permita una mayor flexibilidad laboral sin comprometer los patrones de contratación del sector privado.
El salario mínimo muchas veces se convierte en una barrera de entrada para jóvenes o rubros de salarios bajos, y en vez de generar una suba en los ingresos de las personas, lo que se genera a largo plazo es que una parte de la población tendrá desempleo permanente.
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